sábado, 22 de mayo de 2010

Quizás no haya sido todo un malentendido



El bicentenario se acerca y la ciudad se viste de fiesta. De fiesta caótica -no podemos dejar de ser argentinos-, pero fiesta al fin. Una lluvia húmeda nos gana los rincones del alma, pero nos permite, a falta de una cosa mejor que hacer, reflexionar unos instantes sobre la realidad.
Hay un hecho que se nos impone. Doscientos años no son tantos ni tan pocos, pero constituyen una excusa, un mojón en esto de seguir caminando por los vericuetos de la historia del mundo. Porque aunque no parezca, aquí abajo, en el sur del planisferio, también formamos parte de la historia de la humanidad.
Pero en doscientos años, los malentendidos han formado parte esencial de nuestro devenir. Como para sintetizar la cuestión podemos mirar la lastimosa novela de nuestra -si, claro que es “nuestra”-, presidenta con nuestro -¿tengo que repetir que es nuestro- jefe de gobierno. La humedad del ambiente, la peripecia de lo cotidiano, la certeza del hoy, el aquí y el ahora, él árbol corto del hoy, lo gobierna. Y ellos a nosotros. No pueden, no saben o no quieren advertir que lo que cuenta es otra cosa.
¿No advierten necesitamos una patria?
En el fondo no es un malentendido. Es la necesidad, o la creencia, de todos sabemos sobre todo. Ahora que se viene el mundial, todos sabremos sobre fútbol. Y todos opinaremos con solvencia y mesura, sobre el equipo. Sobre cada uno de los jugadores, sobre cada una de las circunstancias que nos tocarán. Y si ¾Dios no lo quiera¾, nos toca salir segundos ¾¡segundos¾, moveremos nuestras cabezas con tristeza. Y gritaremos nuestra verdad. Que ya sabíamos que de este modo no llegaríamos a ningún lado, que el drogadicto esto y que el mafioso aquello, y que habría que haber imitado ¾siempre lo dijimos¾ al equipo que hubiera salido primero.
Todas estas cosas serán dichas, incluso escritas, con un aire necesario de solemnidad. ¿No nos olvidamos que lo que nuestra selección necesita es un equipo? Como nuestra patria. Necesitamos ser un equipo. Dejar de lado aquello que nos separa, aquello que constituye nuestra diferencia. De una vez para siempre entender que podemos caminar juntos. Aristóteles definía la amistad así, dos que caminan juntos. La amistad política, es eso mismo. Caminar juntos, contemplando las mismas cosas, sufriendo las mismas peripecias que el otro. Entender que el otro camina conmigo. Junto a mí.
Y eso no lo vuelve sospechoso de herejía.
Conocí una vez un hombre triste. Siempre estaba enojado y triste. Tenía todas las respuestas pero se enojaba y entristecía al ver que el mundo no comprendía que él tenía la verdad. Cuando tropezaba con un obstáculo intelectual lo resolvía con simpleza: el obstáculo era un error. No sospechaba que él podía errar. Y entonces la realidad lo enojaba y entristecía cada vez más. Sin esperanza y sin concesiones, la realidad lo acosa.
Como parte de esa realidad que llamamos patria (por ahora con minúsculas) debiéramos dejar de lado los malentendidos y caminar juntos. La otra opción es mirar los actos del bicentenario. Hasta que llegue el mundial.

1 comentario:

  1. ¿Valió la pena la Reforma de la Constitución de 1994?
    Con esta reforma el Poder Ejecutivo tiene más poderes ya que puede vetar parcialmente leyes, dictar decretos de necesidad y urgencias y ser reelegido con el agravante de que después de dos períodos consecutivos el Presidente debe dejar cuatro años el cargo a otro y después puede presentarse para aspirar a una nueva elección con la consiguiente posibilidad de otra reelección.. Se crea la figura de Jefe de Gabinete para controlar al Poder Ejecutivo pero es nombrada por el propio Presidente, ahora tiene una "marioneta" y un "fusible" para sus caprichos y errores.
    Esta Reforma dañó la forma Republicana de Gobierno. Léase la definición de República:(del latín res publica, «la cosa pública, lo público»), en sentido amplio, es un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley (constitución) y la igualdad ante la ley como la forma de frenar los posibles abusos de los más fuertes, del gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, de los que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo. A su vez la república escoge a quienes han de administrar la cosa pública mediante la representación (democracia representativa) de toda su estructura mediante el derecho a voto. El electorado constituye la raíz última de su legitimidad y soberanía
    Algunas luces:
    Protección del ambiente El nuevo artículo 41 se refiere a la tutela del ambiente, acorde con las Naciones Unidas. donde establece que “todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano” con el objeto de que “las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes, sin comprometer las de las generaciones futuras”
    Las provincias.Existen otras reformas interesantes con respecto a las provincias. Por ejemplo, el artículo 124 estableció que “corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio” antes la nación tenía el dominio sobre estos recursos.
    Cosas pendientes que no se hicieron.........Leyes que no se ratificaron y corresponden al control de la administración que se van postergando, como por ejemplo los DNU, facultades delegadas, vetos parciales porque la meta fue siempre otorgar poderes al Ejecutivo.
    Me quedo con la última frase de la definición de República "El electorado constituye la raíz última de su legitimidad y soberanía"¿Podemos cambias algo para evitar la falta de transparencia en las elecciones? Creo que eliminando las listas sábanas, publicar las actas de mesa para que cada autoridad de mesa y fiscales puedan controlar los resultados de su mesa.

    ResponderEliminar