lunes, 31 de mayo de 2010

¿La política en términos de adversarios no ha desaparecido?

Una amiga, Majo, me mandó estas reflexiones. Ahí van entonces. Amigos o enemigos


Existe un concepto de la política que expresó Carl Schmitt en los años 20, según el cual desde su visión, la política es asunto de amigos y enemigos. Schmitt establece esta relación como la distinción propia de lo político. Distinción que hace referencia a una intensidad: no hay política, en Schmitt, si no hay un antagonismo que sea tan intenso como para constituir “un agrupamiento en base a los conceptos de amigo-enemigo”.

Trasladándonos a la realidad y haciendo una simple lectura de la frase amigo-enemigo se puede afirmar que el gobierno actual aplicó esta lógica para generar una fracción en la actualidad ya que muchas veces las ideas no se debaten abiertamente para convertirlas en decisiones políticas concretas y de esta manera ¿se podría decir que se aplicó de una manera mal intencionada la frase de Perón de 1971 “Al amigo todo, al enemigo ni justicia”?

De lo contrario se afirmarían ciertas posturas del espacio opositor al Gobierno que advierten la idea de que negociar con este Gobierno es como estar negociando con el mal, ya que pareciera que como consecuencia de esta actitud la política dejó de ser un espacio para el debate de ideas y de proyectos y su confrontación con principios y valores.

Aun así, el oponente político es un componente fundamental en esta cuestión. Respetarlos es insuficiente, pero se debe saber cuidar al oponente porque no solo constituyen una parte primordial en todo esto sino que muchas veces son necesarios.

Pero pareciera que la idea de este gobierno es que con este enemigo no se discute, ni se negocia, al enemigo se lo vence o se lo destruye.

Por lo tanto ¿es posible sostener que la idea de que la política en términos de adversarios no ha desaparecido?

Si es así la lógica amigo-enemigo aún sigue vigente.

sábado, 22 de mayo de 2010

Quizás no haya sido todo un malentendido



El bicentenario se acerca y la ciudad se viste de fiesta. De fiesta caótica -no podemos dejar de ser argentinos-, pero fiesta al fin. Una lluvia húmeda nos gana los rincones del alma, pero nos permite, a falta de una cosa mejor que hacer, reflexionar unos instantes sobre la realidad.
Hay un hecho que se nos impone. Doscientos años no son tantos ni tan pocos, pero constituyen una excusa, un mojón en esto de seguir caminando por los vericuetos de la historia del mundo. Porque aunque no parezca, aquí abajo, en el sur del planisferio, también formamos parte de la historia de la humanidad.
Pero en doscientos años, los malentendidos han formado parte esencial de nuestro devenir. Como para sintetizar la cuestión podemos mirar la lastimosa novela de nuestra -si, claro que es “nuestra”-, presidenta con nuestro -¿tengo que repetir que es nuestro- jefe de gobierno. La humedad del ambiente, la peripecia de lo cotidiano, la certeza del hoy, el aquí y el ahora, él árbol corto del hoy, lo gobierna. Y ellos a nosotros. No pueden, no saben o no quieren advertir que lo que cuenta es otra cosa.
¿No advierten necesitamos una patria?
En el fondo no es un malentendido. Es la necesidad, o la creencia, de todos sabemos sobre todo. Ahora que se viene el mundial, todos sabremos sobre fútbol. Y todos opinaremos con solvencia y mesura, sobre el equipo. Sobre cada uno de los jugadores, sobre cada una de las circunstancias que nos tocarán. Y si ¾Dios no lo quiera¾, nos toca salir segundos ¾¡segundos¾, moveremos nuestras cabezas con tristeza. Y gritaremos nuestra verdad. Que ya sabíamos que de este modo no llegaríamos a ningún lado, que el drogadicto esto y que el mafioso aquello, y que habría que haber imitado ¾siempre lo dijimos¾ al equipo que hubiera salido primero.
Todas estas cosas serán dichas, incluso escritas, con un aire necesario de solemnidad. ¿No nos olvidamos que lo que nuestra selección necesita es un equipo? Como nuestra patria. Necesitamos ser un equipo. Dejar de lado aquello que nos separa, aquello que constituye nuestra diferencia. De una vez para siempre entender que podemos caminar juntos. Aristóteles definía la amistad así, dos que caminan juntos. La amistad política, es eso mismo. Caminar juntos, contemplando las mismas cosas, sufriendo las mismas peripecias que el otro. Entender que el otro camina conmigo. Junto a mí.
Y eso no lo vuelve sospechoso de herejía.
Conocí una vez un hombre triste. Siempre estaba enojado y triste. Tenía todas las respuestas pero se enojaba y entristecía al ver que el mundo no comprendía que él tenía la verdad. Cuando tropezaba con un obstáculo intelectual lo resolvía con simpleza: el obstáculo era un error. No sospechaba que él podía errar. Y entonces la realidad lo enojaba y entristecía cada vez más. Sin esperanza y sin concesiones, la realidad lo acosa.
Como parte de esa realidad que llamamos patria (por ahora con minúsculas) debiéramos dejar de lado los malentendidos y caminar juntos. La otra opción es mirar los actos del bicentenario. Hasta que llegue el mundial.

lunes, 17 de mayo de 2010

La historia de un malentendido



La noche inunda mi vaso de whisky, y no puedo dormir. Las palabras surgen solas, hijas de la costumbre mas que de la reflexión. Ellas surgen de lo profundo de mi propia noche, y se agrupan como pueden. Pero lo que me impide dormir es pensar si es cierto eso de que la historia de nuestra patria es una suma de malentendidos.
El vaso de whisky me mira.
¿A qué viene ahora, justo hoy, el preocuparme por estas cuestiones? ¿En estas épocas en que sólo se habla del bicentenario?
Es que el bicentenario hubiera podido ser un punto de inflexión en nuestras vidas. ¿Nuestras vidas? ¿Qué tienen que ver nuestras vidas con el bicentenario? Si solo tenemos algunas décadas…
Somos, decía el viejo Aristóteles, animales políticos (unos más que otros apuntaría mi abuela). Y esta es nuestra polis. Quizás esté un poco enferma, quizás sea cierto que conoció épocas donde brilló con un encanto y una belleza únicos, pero lo cierto es que hoy parece un poco enferma. ¿Esa enfermedad no podrá provenir de un gigantesco malentendido?
Españoles y criollos, saavedristas y morenistas, unitarios y federales, roquistas y alsinistas, personalistas y antipersonalistas, radicales y conservadores, peronistas y antiperonistas, azules y colorados, militares y civiles, etc. ¿No será un gigantesco malentendido?