Existe un concepto de la política que expresó Carl Schmitt en los años 20, según el cual desde su visión, la política es asunto de amigos y enemigos. Schmitt establece esta relación como la distinción propia de lo político. Distinción que hace referencia a una intensidad: no hay política, en Schmitt, si no hay un antagonismo que sea tan intenso como para constituir “un agrupamiento en base a los conceptos de amigo-enemigo”.
Trasladándonos a la realidad y haciendo una simple lectura de la frase amigo-enemigo se puede afirmar que el gobierno actual aplicó esta lógica para generar una fracción en la actualidad ya que muchas veces las ideas no se debaten abiertamente para convertirlas en decisiones políticas concretas y de esta manera ¿se podría decir que se aplicó de una manera mal intencionada la frase de Perón de 1971 “Al amigo todo, al enemigo ni justicia”?
De lo contrario se afirmarían ciertas posturas del espacio opositor al Gobierno que advierten la idea de que negociar con este Gobierno es como estar negociando con el mal, ya que pareciera que como consecuencia de esta actitud la política dejó de ser un espacio para el debate de ideas y de proyectos y su confrontación con principios y valores.
Aun así, el oponente político es un componente fundamental en esta cuestión. Respetarlos es insuficiente, pero se debe saber cuidar al oponente porque no solo constituyen una parte primordial en todo esto sino que muchas veces son necesarios.
Pero pareciera que la idea de este gobierno es que con este enemigo no se discute, ni se negocia, al enemigo se lo vence o se lo destruye.
Por lo tanto ¿es posible sostener que la idea de que la política en términos de adversarios no ha desaparecido?
Si es así la lógica amigo-enemigo aún sigue vigente.

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